Otro gesto más que muestra lo que es Ancelotti para sus jugadores

Es cierto que el Real Madrid cuenta con una plantilla de altísimo nivel para competir por todos los títulos. Sin embargo, para que esas piezas formen una orquesta, no cabe duda del papel que debe jugar el técnico. Y, en eso, Carlo Ancelotti ha sido, y continúa siendo, todo un maestro.

En esta oportunidad, no voy a hablar de táctica, que indudablemente se pone de manifiesto en cada encuentro. No hay más que ver los diferentes momentos del Real Madrid a lo largo de un partido. Tampoco voy a referirme a la sinergia alcanzada con los encargados de velar por la parte física del equipo, liderados por Antonio Pintus. Con dar un vistazo a los últimos veinte minutos de cada partido, podemos apreciar cómo andan los merengues y cómo se van desintegrando sus rivales. A lo que quiero referirme es al tema humano, uno en el que Ancelotti demuestra, día a día, ser todo un maestro.

Las imágenes de Carletto celebrando los trofeos con sus jugadores son icónicas y ya forman parte de la historia del Real Madrid. La fotografía del puro en sus labios, acompañado de Vinicius, Militão, Rodrygo y Alaba, dio la vuelta al mundo. Otras, tal vez menos mediáticas, lo muestran compartiendo con Benicio, el hijo de Mina Bonino y Fede Valverde, como todo un abuelo. Esto solo por hablar de algunas. Pero, más allá de ellas, hay que ver el rendimiento del equipo. Y ahí, es evidente que su manejo del grupo es excepcional. No importa si un jugador es habitual o no en las alineaciones, las malas palabras o gestos no forman parte del día a día.

En esta ocasión, a través de las redes sociales del club, hemos podido conocer un nuevo episodio de Ancelotti con sus jugadores. Las imágenes mostraron al grupo bajando del avión, al llegar a Alemania, con cada cual a lo suyo. Asensio, Rodrygo, Alaba, Rüdiger, Vallejo, Nacho, Carvajal, Lucas Vázquez y Courtois, pasaban uno detrás del otro por las escalerillas. Finalmente, detrás de ‘la jirafa’, aparecieron lentamente Ancelotti y Militão, tomados del brazo. Una escena que recordó a la de Ronaldo y Figo en su llegada a la reciente entrega del Balón de Oro. Pero, si esta última tenía mucho de guasa, la del italiano no iba por ahí. El técnico hablaba con expresión cariñosa y el brasileño sonreía y asentía. Un vivo ejemplo de que una imagen habla más que mil palabras.

No quisiera extenderme mucho más. Para quien les escribe, Ancelotti demuestra, día tras día, que es un ser humano, en toda la extensión de la palabra. Algo que a algunos le parecerá una obviedad, pero es que en este mundo de hoy, aquellos que honran dicha etiqueta no son tan frecuentes como, tal vez, debieran ser. El italiano ha llegado a una etapa de su vida donde su carrera y éxitos hablan por sí solos y nada más los discuten aquellos para quienes los colores privan sobre lo demás. Pero, su calidad humana no necesita de un título, o un trofeo, pues saltan a la vista. Punto final.

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