|HISTORIA|El Benito Villamarín, un estadio con casi un siglo de historia

En el año 1929 se inauguraría, al final de la avenida de la Palmera, la construcción de un estadio por el que han pasado jugadores que hoy día resultan ser leyendas del Real Betis Balompié: desde Luis del Sol hasta Joaquín Sánchez, pasando por figuras como Cardeñosa, Esnaola o Denilson. Hablamos de la casa del club verdiblanco: el Benito Villamarín.

Si bien es cierto que actualmente el estadio está conformado por cuatro gradas con tres anillos cada una, esto no siempre ha sido así; de hecho, la evolución histórica del mismo es una de las más fascinantes a nivel nacional.

Todo empezó en marzo de 1929, cuando el estadio ideado por Antonio Illanes del Río quedó inaugurado con una histórica goleada de la Selección Nacional a Portugal por cinco goles a cero. Tras este inmejorable arranque, la recientemente creada entidad verdiblanca se convertiría en una frecuente inquilina del terreno de juego del, por aquel entonces, estadio municipal, llegándolo a arrendar en 1936. Sin embargo, la llegada de la Guerra Civil provocó que el recinto deportivo sustituyera su habitual función para ser entregado al mando militar.

Tras el conflicto bélico, el Betis se comprometió con las autoridades a utilizar el estadio una vez estuviera rehabilitado (por los daños recibidos en la guerra), lo que ocurrió en 1939, pasándose a llamar a partir de entonces Estadio Municipal Heliópolis.

Un par de décadas más tarde se iniciaría un proyecto de remodelación que implicaba la ampliación de las gradas de Gol Sur y Gol Norte, a manos del arquitecto Antonio Delgado Roig, para que al año siguiente se instalara la iluminación eléctrica. Una vez llevadas a cabo estas obras, la entidad heliopolitana se convertiría en la propietaria del que sería a partir de entonces Benito Villamarín, iniciando un camino conjunto que sigue hasta nuestros días.

En la década de los 70 se llevó a cabo una de las ampliaciones más relevantes de la historia del estadio, cuando los goles Norte y Sur fueron derribados para ser reconstruidos. A finales de década y principios de la siguiente, se inició la construcción de la tribuna de voladizo, la de Fondo y la de Preferencia, siendo construido en el año 1982 el primer anfiteatro de preferencia. Con todo ello, el Benito Villamarín llegaba al legendario Mundial del 82 con una capacidad de 48.500 espectadores, para más tarde convertirse en un histórico del fútbol español al ser la sede de la mayor goleada de la selección española en su historia (España 12-1 Malta).

A finales del milenio (1997), el estadio cambiaría su nombre por el de Manuel Ruíz de Lopera, e iniciaría una nueva remodelación, aunque esta vez obligada por los dictados de la UEFA, que publicaba la prohibición de que los estadios europeos carecieran de asientos. Por esta misma razón, el por aquel entonces presidente del club, Lopera, propondría un proyecto de remodelación que acabaría siendo inaugurado el 1 de enero del 2000. Entonces, el estadio quedaría conformado por cuatro gradas: tres de ellas (Fondo, Gol Norte y Preferencia) conformadas por tres anillos, y la restante (Gol Sur) tan solo formada por un anillo. Además, en el año 2010 se volvería a denominar Benito Villamarín.

Este modelo de estadio perduraría hasta el año 2016, cuando el actual equipo directivo del club verdiblanco inició el proyecto de reconstrucción de un Gol Sur que pasaría a estar conformado por tres anillos. Las obras duraron más de una temporada, lo que supuso que la edición 2016-2017 de LaLiga fuera disputada por el equipo, dirigido entonces por Quique Setién, en un estadio en obras. Por si fuera poco, el proyecto no acaba en el modelo actual de estadio, sino que el siguiente paso a dar será derribar la grada de Preferencia para reconstruirla y así lograr cerrar el estadio por completo, aunque aún no hay fecha para tal suceso.

De esta forma, el Benito Villamarín se ha convertido en el cuarto estadio de España, por detrás de Camp Nou, Santiago Bernabéu y Wanda Metropolitano, y con una capacidad de 60.721 espectadores, provocando que la afición bética cuente con un estadio a la altura de su fidelidad.

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